China Prohíbe A Los Menores De Edad En Los Actos Religiosos Del Tíbet

China Prohíbe A Los Menores De Edad En Los Actos Religiosos Del Tíbet

UCAnews

4 de setiembre de 2018

Beijing aprieta los tornillos para mantener a las jóvenes generaciones desarraigadas de la cultura tradicional mientras inunda la provincia con chinos han

Con los años, el Partido Comunista Chino (PCC) ha adoptado diversas maneras para inculcar la idea en los tibetanos de que su cultura y religión tradicionales son retrógradas, bárbaras y basadas en creencias supersticiosas.

En su último intento por mantener a una nueva generación de tibetanos alejada de su cultura, el PCC ha emitido recientemente avisos que prohíben a los funcionarios, estudiantes y padres tibetanos participar en actividades religiosas.

Las autoridades también han emitido a los padres una llamada “carta de confirmación” a través de las escuelas de sus hijos.

Contiene seis puntos, dos de los cuales señalan específicamente que durante las vacaciones de verano los estudiantes no pueden unirse a ningún tipo de actividades budistas.

De hecho, tal “aviso” no es nada nuevo para los tibetanos. En el pasado, el PCC ha emitido sistemáticamente tales prohibiciones antes de cada festival cultural y religioso importante.

Esto se extiende a todos los estudiantes, padres y funcionarios tibetanos y se promulga a través del Departamento de Educación.

Si bien estas actividades religiosas son reconocidas públicamente por el PCC como “legítimas”, deben mantenerse bajo la supervisión del departamento religioso y la policía militar.

Además, el gobierno usa tales actividades como un “símbolo” de propaganda de la “libertad religiosa” en el Tíbet. Permite a los turistas chinos, incluidos estudiantes, funcionarios y miembros del Partido, asistir a las mismas. Sólo los tibetanos están excluidos.

Aislamiento cultural

El Saga Dawa, o Mes de Buda, es un festival importante para los budistas tibetanos. Esto lo ha colocado en un lugar destacado en la agenda del PCC. Y el Departamento de Educación del régimen envía recordatorios periódicos a las escuelas en toda la provincia relativos a que los estudiantes no pueden participar en ninguna actividad religiosa relacionada.

Lo mismo ocurre con el Festival que marca el final del Año Nuevo chino en febrero o principios de marzo; la Asamblea de oración del Año Nuevo tibetano y las celebraciones del cumpleaños del Dalai Lama, que el PCC ha prohibido. El Partido también proporcionó la siguiente lista de cinco reglas para una mejor educación de los estudiantes en cuanto a líneas ideológicas.

Primero, no se les permite ir a los monasterios para adorar al Buda; segundo, no pueden asistir a ninguna actividad religiosa durante el Saga Dawa; tercero, los padres como tutores de los estudiantes tampoco pueden ir a los monasterios para adorar al Buda o asistir a ninguna actividad religiosa budista; cuarto, se les pide a todos los departamentos gubernamentales de alto nivel que supervisen e investiguen secretamente la situación y que se ocupen estrictamente de aquellos que violan las reglamentaciones.

Y finalmente, los padres que lleven a los estudiantes a adorar al Buda o participar en actividades religiosas deben ser remitidos directamente a la junta educativa.

A los padres se les “pide” que firmen sus nombres al final de estos “avisos”, por lo que tendrán que asumir la responsabilidad total de las acciones de sus hijos.

De hecho, los avisos se parecen más a un “acuerdo” secreto entre cada escuela y los padres de los estudiantes, ya que los padres tienen que asumir toda la responsabilidad por cualquier “incumplimiento del contrato”.

Esto marca un cambio en la política del PCC con respecto a los estudiantes tibetanos, desde la prohibición parcial de asistir a festivales religiosos importantes hasta la prohibición total de todas las actividades religiosas.

Además, el PCC inicialmente envió miles de adolescentes tibetanos a escuelas en provincias lejanas, aislándolos por completo de sus familias, cultura, religión y medio ambiente tibetanos.

Esto le permitió trasplantar directamente la ideología china a clases tibetanas alojadas en ciudades, pueblos o aldeas fuera de Tíbet.

Posteriormente, el gobierno implementó un esquema llamado “Estudio en diferentes lugares” que envió a más adolescentes tibetanos fuera de la Región Autónoma del Tíbet (TAR, por sus siglas en inglés) a otras partes de China, para un posterior adoctrinamiento político.

Los monjes jóvenes también se ven obligados a abandonar sus monasterios y se los obliga a estudiar en escuelas administradas por el Partido. En febrero de 2015, a los novicios de la provincia de Qinghai se les ordenó que abandonaran sus túnicas y asistieran a las escuelas públicas después de regresar a casa para el Año Nuevo Lunar.

Según las estadísticas oficiales, cerca de 21.000 adolescentes de esta región están estudiando en 22 provincias y ciudades de China. Cada año, alrededor de 7.500 estudiantes de secundaria, se inscriben en estas clases. La mayoría de ellos provienen de la Región Autónoma Tibetana.

La Prefectura Autónoma Tibetana de Yushu experimentó una situación similar. Desde 2015 comenzó a enviar 1.000 estudiantes de primer año de secundaria a varias provincias anualmente. El número actual es de 5.000.

Además, la Corte Intermedia de Yushu sentenció a cinco años de prisión al defensor del idioma tibetano y comerciante local Tashi Wangchuk, por haber implorado a Beijing proteger mejor el idioma y la cultura tibetanos, un fallo denunciado más tarde por expertos en derechos humanos de la ONU.

Mientras tanto, la Prefectura Autónoma Tibetana de Hainan ha estado dirigiendo Escuelas Vocacionales de Secundaria en Jiangsu, Hubei, Sichuan y otras provincias desde 2013. Ya ha transferido más de 2.000 estudiantes.

Pero a pesar de haber “purificado” a decenas de miles de estudiantes tibetanos, el Partido aún no ha logrado su objetivo de exterminar la etnicidad o la cultura tibetana.

Como tal, ahora está explorando nuevas vías al prohibir a la generación más joven y a sus tutores asistir a  eventos culturales religiosos tradicionales en su propia tierra, el Tíbet.

¿Por qué tan temeroso?

La única religión en China pertenece al PCC, según Agya Hotogtu, miembro del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, el cuerpo asesor político más importante de China.

“China tiene una sola religión, que es la religión del Partido Comunista”, dice Agya, quien también se desempeña como vicepresidente de la Asociación Budista de China y jefe del Monasterio Kumbum, de la provincia de Qinghai.

Para usar las enseñanzas del Partido para “educar” a la gente, el PCC no puede tolerar la existencia “normal” de ninguna religión, razón por la cual ha intensificado sus esfuerzos para reprimir la religión y la cultura tradicional tibetanas.

Con más de mil años de desarrollo en el Tíbet, el budismo se ha convertido en el cuerpo principal de la cultura tibetana y se ha integrado a todos los aspectos de la vida tibetana.

Enmarcado en tal contexto, es absurdo que el PCC prohíba a los tibetanos dedicarse a actividades religiosas. Por ejemplo, los tibetanos tienen una tradición de hacer girar las ruedas de oración, especialmente cuando pasan junto a ellas en el Barkhor, en la zona antigua de la capital, Lhasa.

Pero, ¿podemos realmente decir que están “participando” en actividades religiosas simplemente caminando por esta calle? Esta es una lógica absurda.

El periódico estatal Global Times dijo recientemente que el Artículo 8 de la Ley de Educación de China estipula que “el Estado separa la educación de la religión. Ninguna organización o individuo puede hacer uso de la religión para realizar actividades que interfieren con el sistema educativo del Estado”.

Sin embargo, el artículo 26 de la Constitución China establece claramente que “los ciudadanos de la República Popular China disfrutan de la libertad de creencia religiosa. Ningún órgano estatal, organización pública o individuo puede obligar a los ciudadanos a creer en, o no creer en, religión alguna; ni pueden discriminar a los ciudadanos que creen o no creen en religión alguna”.

Obviamente, la prohibición del PCC de la participación de los tibetanos en actividades religiosas viola la propia Carta del país. Sin embargo, el PCC ignora esta contradicción cuando se trata del Tíbet.

El objetivo del partido es claro: quiere reemplazar la religión tibetana con la “religión del Partido Comunista” para que los tibetanos puedan asimilarse a los chinos han y “adorar” al PCC. De esta manera, el Partido puede continuar con su sueño de gobernar China durante cien años.-

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