CIENTOS DE TIBETANOS DESAFÍAN A CHINA, AL REUNIRSE EN LA CUNA DEL BUDISMO EN INDIA

 

The Washington Post

13 de enero de 2017

Por Annie Gowen

El joven monje tibetano estaba llevando a sus ancianos tíos en el viaje de su vida, un tour por los lugares budistas sagrados en India, con la oportunidad de encontrarse con el Dalai Lama. Pero a medio camino, una orden vino de China: la familia tenía que retornar de inmediato.

La policía china había ido a la casa del monje cinco veces en diciembre y tomado las huellas dactilares de sus padres, forzándolos a firmar documentos garantizando su retorno.

Pero el monje y su familia estaban determinados a ver al Dalai Lama en Bodh Gaya, la ciudad india que muchos consideran el lugar de nacimiento del budismo. Por eso ellos desafiaron a las autoridades chinas y continuaron su viaje, a riesgo de ser encarcelados, de duros interrogatorios o de la pérdida de sus identificaciones en su retorno a casa.

“Estoy muy preocupado,” dijo el monje en una fría noche, sentado en una carpa no lejos del lugar de las enseñanzas donde miles se han reunido desde el 3 de enero para orar, meditar y escuchar a su líder religioso. “Si somos puestos en prisión, ellos nos interrogarán: ‘¿por qué fueron a India?’ Esto puede ser muy peligroso.”

Las autoridades del gobierno tibetano en el exilio dicen que el gobierno chino impidió que unos 7 mil peregrinos tibetanos asistieran a la reunión de diez días en India, una movida sin precedentes que erosiona aún más los derechos de 6 millones de personas que viven en la región tibetana de China. Fue además un fresco recordatorio de que los chinos están amenazando controlar la selección del próximo Dalai Lama, después del fallecimiento del reconocido líder religioso, quien tiene ahora 81 años.

“Es trágico,” dijo Lobsang Sangay, el principal del gobierno tibetano en el exilio, el que tiene su sede en India. “Es una vez en la vida de los tibetanos, como para los musulmanes ir a la Meca. Es un triste comentario sobre la afirmación china de que hay libertad religiosa, o cualquier otro tipo de libertad en el Tíbet.”

El Dalai Lama les dijo a los reporteros que la movida era “desafortunada.”

China ha negado amenazar a los peregrinos o impedir sus partidas, pero las autoridades locales en el Tíbet declararon esta reunión ritual, llamada Kalachakra, ilegal en 2012, la última vez que se realizó en Bodh Gaya. La mayoría de los 7 mil ya habían viajado legalmente a India y fueron forzados a retornar tempranamente. Solo 300 han permanecido.

“El gobierno no los ha amenazado para que retornen por medio alguno, aunque el gobierno no los estimula a que asistan al ritual,” dijo Xu Zhitao, un funcionario del Comité Central del Partido Comunista de China, al Global Times, un tabloide asociado con el partido.

Desde que estalló el conflicto en toda la meseta tibetana en 2008, el gobierno chino ha aprobado medidas que han restringido la libertad de expresión, especialmente al priorizar el idioma chino ante el tibetano en las escuelas, apostando policías en los monasterios y aumentando la vigilancia.

Los activistas dicen que el Partido Comunista buscar romper la conexión entre los tibetanos y su reverenciado líder para asegurar la complicidad con los ambiciosos objetivos del Partido en el Tíbet, una región rica en recursos minerales e hídricos.

“Lo que estamos viendo es nuevo,” dijo Kate Saunders de la Campaña Internacional por el Tíbet. “Es un intento sistemático de impedir a los tibetanos tener acceso alguno al Dalai Lama.”

Un estimado de 10 mil tibetanos asistieron al Kalachakra de 2012 en Bodh Gaya, pero muchos fueron detenidos o encarcelados para “reeducación” en campos militares cuando retornaron, dijo Saunders.

Unos 200 mil monjes y monjas en sus hábitos granate y azafrán, así como devotos budistas de todo el mundo –incluido el actor estadounidense Richard Gere- convergieron en la ciudad del este de India para días de cánticos y lecciones sobre el pensamiento budista. Al descender la oscuridad, muchos de ellos llevaron a cabo postraciones y circunvalaron una antigua estupa cercana al árbol –descendiente del original- donde se cree que el Buda obtuvo la iluminación.

Desde que el Dalai Lama escapó a través de las montañas del Tíbet a India en 1959, los gobiernos indios lo han tratado como un huésped honorable en Dharamsala, una ciudad en la montaña al norte del país, pero ellos por mucho tiempo lo han mantenido a distancia para evitar ofender a los chinos. Ahora, eso puede estar cambiando.

El Dalai Lama apareció en un evento con el presidente de India el mes pasado, en Delhi. Y el primer ministro, Narendra Modhi ha hecho de la preservación del patrimonio antiguo indio, una prioridad, convirtiéndose en el Primer Ministro indio en visitar Bodh Gaya en décadas.

“No creo que haya un cambio fundamental de posición, pero ciertamente lo que se está viendo es una tendencia hacia lo que quizá sea una expresión de auto conciencia de nuestros sentimientos y nuestro apoyo a la identidad cultural tibetana y a la alta posición que el Dalai Lama disfruta aquí en India,” dijo Nirupama Menon Rao, un ex secretario de Exteriores y embajador en China.

El apoyo es clave, mientras la comunidad tibetana en el exilio enfrenta tiempos inciertos. El Dalai Lama ha dicho que cuando muera, él podría elegir no reencarnarse, como sostiene la creencia budista, o que podría volver como una mujer. Pero China ha señalado que controlará la búsqueda del próximo Dalai Lama al designar a su propio Panchen Lama, otra figura importante en el budismo tibetano.

Algunos de los asistentes dijeron que estaban preocupados porque este Kalachakra fuera el último realizado por el Dalai Lama. El octogenario se mueve y habla más lentamente y tuvo que ser ayudado por dos monjes, para llegar al trono ubicado en un estrado.

“Él no puede ir a gran velocidad,” dijo Gaden Tashi, un tibetano de Katmandú, Nepal. “Pero sigue diciendo que está feliz y sano.”

Un joven tutor tibetano quien hizo el riesgoso viaje desde China recordó cuando él desenrolló su estera de oración en Bodh Gaya y tuvo el primer vistazo del Dalai Lama, “no pude controlarme; creí que era un sueño.”

El tutor de 29 años, llegó el 3 de enero después que su viaje comenzara en su pequeña aldea en el área tibetana de Amdo. Le pagó a un guía para que lo llevara a Katmandú, donde recibió los papeles legales de la embajada india para hacer el peregrinaje.

Casi de inmediato, dijo, hablando en condición de anonimato, mensajes atemorizantes comenzaron a aparecer en su WeChat, la plataforma de medios sociales más popular de China. Dijo que la policía le envío una advertencia a través de sus padres de que debía retornar el 3 de enero, el día que comenzaba el Kalachakra. Su madre lloró y le rogó que volviera a casa pronto. Otros enviaron fotos de los peregrinos que fueron reconocidos en el aeropuerto solo para que sus pasaportes fueran rotos a pedazos por la policía.

Dijo que ahora siente que no puede retornar a China, pero cree que su sacrificio ha valido la pena.

“Cada tibetano tiene un sueño, reunirse con el Dalai Lama,” dijo. “Le dije a mis padres que no me arrepiento, incluso si muero.”

 

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