¿CÓMO DEBERÍAN RESPONDER LOS TIBETANOS A TRUMP?

 

 

Por Kyinzom Dhongdue

Miembro del Parlamento Tibetano en el Exilio

Sábado, 4 de febrero De 2017

“La administración Trump apoya la causa del Tíbet”

Cuando vi este título a principios de esta semana, en lugar de sentirme bien, me sentí más que un poco incómoda.

El mundo ha quedado temblando estas últimas dos semanas con temores de cómo pueda ser la presidencia de Trump al volverse real. Pero según el artículo, publicado originalmente en el sitio web de la oficina del Tíbet Washington y más tarde Tibet.net, parece que el Tíbet, sólo posiblemente, ha encontrado a un aliado poco probable en la administración de Trump. Por lo menos en la superficie.

El artículo se basó en las respuestas del nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, durante su audiencia de confirmación.

El mismo día, la Campaña Internacional por el Tíbet (ICT, por sus siglas en inglés) publicó un informe similar en su sitio web. Tomó un enfoque más mesurado con su título, “El secretario Tillerson dice que está comprometido en promover el diálogo sobre el Tíbet y recibir al Dalai Lama.”

La ICT compartió la transcripción completa de las preguntas y respuestas, permitiendo al lector hacer su propio juicio. Fue también cuidadosa en señalar que las respuestas del Secretario de Estado reflejan las opiniones del público estadounidense.

¿Cómo deberían responder los tibetanos a Trump? No hay respuestas fáciles. Pero hay una pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos. Cuanto antes, mejor. Por la integridad de nuestro movimiento.

La campaña de Trump prometió ser un duro negociador con China en comercio, su llamada a la presidenta taiwanesa Tsai Ing-Wen inmediatamente después de la victoria en la elección, y su consecuente cuestionamiento a la política de Una China, pudo habernos dado a muchos de nosotros alguna esperanza para el Tíbet. Particularmente en un tiempo cuando los gobiernos de todo el mundo están inclinándose ante China.

Pero su presidencia nos presenta una dura elección. Y no estoy refiriéndome simplemente a un bien fundado temor de que un hombre tan impulsivo e impredecible como Trump pueda pronto darle la espalda al Tíbet, si creyera que va  en su interés. Más bien a que es una cuestión moral a considerar por nosotros.

Uno puede argumentar que sería loco no abrazar la promesa del líder más poderoso del mundo de apoyar al Tíbet.

Pero demos un paso atrás. Recordémonos a nosotros mismos lo que es nuestro movimiento. Lo que se esfuerza por lograr.

Trump es la antítesis de aquello por lo que luchamos, justicia, derechos humanos, dignidad. Lo que Trump predica y practica no puede estar más lejos de las enseñanzas del Dalai Lama y sus compromisos fundamentales para promover los derechos humanos y la armonía religiosa. Trump está exponiendo a enormes daños al planeta y a la gente más vulnerable del planeta.

Nosotros somos tibetanos. Somos también ciudadanos del mundo. Todos estamos conectados. Nosotros solo esperamos la empatía de la comunidad internacional a nuestra causa, debemos estar preparados también para posicionarnos por otros cuando sus derechos y su dignidad son aplastados. ¿No deberíamos estar denunciando a viva voz las acciones de Trump, incluso conociendo que al hacerlo probablemente perderíamos la frágil chance de que el gobierno más poderoso del mundo, aunque a través de motivaciones perversas, esté dispuesto en alguna medida a sacar la cara por los tibetanos?

No hay respuestas fáciles.

Pero en última instancia, el panorama más amplio aquí, importa. Las motivaciones importan. Considerado todo esto, ¿podría venir algo bueno para el Tíbet y para el mundo todo a través de una agenda impulsada por el ego y la ira?

¿No es una locura total?


foto: Rex Tillerson, designado secretario de Estado de EE.UU

 

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