DEJANDO EL MIEDO ATRÁS

 

La peripecia de los tibetanos para contar su verdad

Cuando el Comité Olímpico Internacional premió a China con la organización de los Juegos Olímpicos de 2008, quienes defienden la libertad, la justicia y los derechos humanos, sintieron que su lucha y su activismo habían recibido una dura derrota.

Vendrían luego, manifestaciones, protestas, ríos de tinta escritos para denunciar los crímenes atroces del gigante asiático y lo aberrante que resultaba el otorgamiento de la organización de las Olimpiadas.

Mientras tanto, en el Tíbet, un joven llamado Dhondup Wangchen decidía llevar a cabo una peligrosa idea que había concebido tiempo atrás junto a su amigo, el monje Golog Jigme: entrevistar a sus compatriotas tibetanos, pidiéndoles que hablaran sobre su realidad, la realidad del Tíbet. Fue así que 108 tibetanos fueron entrevistados entre 2007 y 2008; sus expresiones fueron de denuncia contra el régimen opresor chino, de alabanza hacia el Dalai Lama, y de angustia por lo que desde hace décadas les está tocando vivir.

Las 40 horas de grabación fueron sacadas clandestinamente de Lhasa y el documental pudo ser exhibido internacionalmente. Para los realizadores, Wangchen y Jigme, la cárcel era inevitable. Para evitar represalias, Wangchen envió a su esposa y sus cuatro hijos a la capital del exilio tibetano, Dharamsala. Cárcel, tortura, sentencia, en el caso de Wangchen liberación tras cumplir su condena de seis años, pero seguida de una asfixiante vigilancia que lo llevó, junto con el deseo de reencontrarse con su familia, a escapar del Tíbet.  En el caso de Jigme logró escapar de la cárcel, muchos tibetanos lo cobijaron corriendo grandes riesgos, hasta que logró llegar a la India, para asilarse finalmente en Suiza.

Hoy, en libertad ambos tibetanos, devenidos en directores de cine por la imperiosa necesidad de hacer conocer la realidad de su pueblo oprimido, siguen dando a conocer los horrores de la ocupación china en el Tíbet.

Mientras estaba en prisión, Dhondup Wangchen fue galardonado con el Premio Internacional a la Libertad de Prensa de 2012. Recién hace pocos días, en Nueva York,  pudo recibirlo, oportunidad en la que denunció el aislamiento del Tíbet y afirmó que su patria es la mayor prisión del mundo.

Wangchen, Jigme, y todos los tibetanos que colaboraron para llevar a cabo ese documental, dejaron su miedo atrás. Miedo en el que viven a diario sus compatriotas. El miedo a la agresión, a la violencia, a la pérdida de la libertad y a la muerte. El miedo a la prepotencia de un régimen chino que durante casi siete décadas se ha impuesto como amo y señor.

Ojalá llegue un día en que ningún humano en la faz de la tierra sea capaz de provocar miedo a un semejante. Provocar miedo a un semejante es la máxima expresión de la cobardía.-

Aloma Sellanes

Tíbet Patria Libre

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