Dos Películas Tibetanas en Festival de Cine de Toronto

 

 

NOW (Editado)

13 de setiembre de 2018

Por Gelek Badheytsang

 

El hecho de que este año el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF, por sus siglas en inglés) esté proyectando, quizás por primera vez en la historia del festival, dos largometrajes dirigidos por cineastas tibetanos (uno del interior del Tíbet y el otro de la comunidad de exiliados) es digno de mención. Ambas películas llevan luz a la pregunta de lo que significa la representación para aquellos de nosotros que somos minorías dentro de las minorías.

 

Hay una escena en de The Sweet Requiem, producida en India por la pareja de cineastas Ritu Sarin y Tenzing Sonam, que se quedó conmigo mucho tiempo después de los créditos. Es durante un flashback del personaje principal Dolkar (Tenzin Dolker) cuando era un bebé entre un grupo de tibetanos que intentaban cruzar un paso del Himalaya para ingresar a la India desde el Tíbet.

El grupo, dirigido por Gompo (Jampa Kalsang) un guía reacio que fue persuadido en contra de su mejor juicio para guiarlos a través de ese viaje, sufre un revés cuando uno de los viajeros no puede continuar. El viejo monje, conocido como Ghen-la (Nyima Dhondup), está exhausto y se rehúsa a ser una carga para el grupo.

Le implora a su acólito que continúe sin él, y hace que el joven prometa que entregará una pequeña estatua del Buda que Ghen-la había esperado ofrecerle al Dalai Lama. El joven se rehúsa al principio, pero finalmente, cede.

“Fue mi sueño ofrecer esto al Dalai Lama”, dice el viejo monje. “Pero no está en mi karma hacer esto”.

Esta invocación del “karma” es un tema recurrente en The Sweet Requiem. Los personajes aluden a esto cuando tratan de explicar las desgracias y agravios que escapan a su control. Se usa como un punto crucial para justificar las acciones y sus consecuencias.

Karma, una palabra sánscrita multifacética que ha sido distorsionada en el lenguaje moderno como abreviación de justicia, es también un motivo que se siente en Jinpa de Pema Tseden. La película, producida en el Tíbet y China, se centra en el conductor del camión homónimo, Jinpa, que recoge a un extraño en la carretera. El extraño, también llamado Jinpa, revela que está en una misión para vengar la muerte de su padre. Después de dejar la autopista, el conductor intenta volver sobre los pasos de su misterioso compañero transitorio. En el proceso, sus destinos se entrelazan, aunque sólo sea momentáneamente.

Este soñador y lánguido tratado sobre destinos, espiritualidad y promesas, una marca registrada del trabajo de Tseden, es radicalmente diferente al de sus colegas de la India. Mientras The Sweet Requiem deja al descubierto las motivaciones de sus personajes o los fantasmas que los persiguen, Jinpa es más tranquila y seductora.

También hay similitudes, por supuesto, entre estas dos películas tibetanas. La exploración del karma antes mencionada es muy prominente en cada una.  Ambas películas presentan personajes que están tratando de hacerse cargo de sus destinos. El budismo es destacado, también. También hay declaraciones políticas: en The Sweet Requiem, Dolkar se muestra viendo imágenes reales de autoinmolaciones desde el interior del Tíbet. Es comprensible que Jinpa se muestre más cuidadosa, teniendo en cuenta los inmensos obstáculos que Tseden debió  superar para obtener la aprobación de la Junta de Censura de China para sus guiones.

El arte es intrínsecamente político, de todos modos. Para personas como yo (tibetanos o uigures u otros), el toque de diana de China ha sido una realidad durante muchas décadas, desplazándonos físicamente y borrando nuestros idiomas e identidades, ya sea a través de la cultura popular o los campos de reeducación.

El éxito de las dos películas tibetanas exhibidas en el TIFF se vuelve importante en este contexto. Afirma la urgencia de crear arte y espacio que sabemos que de otro modo será subsumido y borrado por este otro grupo dominante. Espero que los canadienses chinos vean estas películas y reconozcan la universalidad de las luchas humanas que contienen.  Que entiendan que nuestras historias también importan.-

 

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