El Dalai Lama

El XIV Dalai Lama

La designación del actual XIV Dalai Lama se hizo siguiendo las prácticas tradicionales del budismo tibetano de reconocimiento de la reencarnación del Dalai Lama anterior. Primero se tomaron en cuenta diversas señales que dieron la pauta sobre el lugar donde se produciría el nacimiento de la en­carnación. Una de las señales estuvo dada por el hecho de que el cuerpo embalsamado de Thupten Gyatso, el XIII Dalai Lama, presentó un movi­miento de la cabeza que, de estar orientada hacia el sur, viró hacia el noreste. Luego el Regente, Reting Rinpoche, quien también era un alto lama, tuvo una visión sobre las aguas del Lhamo Latso, el lago sagrado del sur del Tíbet donde, como se ha dicho, los tibetanos creen que se observan visiones de acontecimientos futuros. Allí vio las letras tibetanas Ah, Ka y Ma, además de un monasterio de tres pisos con techo turquesa y oro así como un sendero que salía del monasterio hacia la montaña. La visión se completó con una casa en la montaña dotada de un techo acanalado muy peculiar.

En 1937 salieron de Lhasa tres expediciones con el cometido de en­contrar al niño reencarnado que se convertiría en el líder supremo del Tíbet. Las tres se encaminaron al noreste, siguiendo las señales. Una de las expediciones estaba dirigida por Ketsang Rinpoche, un alto lama del monasterio de Sera. Cuando llegaron a Amdo (Ah) –una de las tres gran­des provincias tibetanas, ubicada al noreste– encontraron el monasterio de Kumbum (Ka) cuyas características coincidían con la visión percibida por el Regente. Solo restaba encontrar la casa con el singular techo. Una vez que la encontraron, en la aldea de Takster, muy próxima al límite con China, dos miembros de la comitiva, junto con un sirviente y dos monjes locales, se presentaron a la familia pidiendo hospedaje por la noche y sin develar el motivo verdadero por el que habían llegado hasta allí. Ketsang Rinpoche, vestido de sirviente, se puso a jugar con el menor de los niños de la casa, de dos años de edad. El niño llamado Lhamo Thondup (deseo satisfecho de la diosa) había nacido el 6 de julio de 1935, en el seno de esa humilde familia de campesinos. Ketsang Rinpoche llevaba en su cuello un rosario que había pertenecido al XIII Dalai Lama y el niño al verlo quiso que se lo entregara; el lama disfrazado de sirviente le dijo que se lo daría solo si descubría quién era él, a lo que el niño respondió: Sera aga, expresión que, en el dialecto local, significa el lama de Sera. Cuando a la mañana siguiente la comitiva comenzó los preparativos para su viaje de re­torno, el niñito insistió hasta las lágrimas que quería irse con ellos a Lhasa.

Poco después regresó la comitiva, ya en carácter oficial, para reali­zar las últimas pruebas destinadas a confirmar que Lhamo Thondup era el nuevo Dalai Lama. Enfrentado a una serie de objetos, algunos de los cuales habían pertenecido a su predecesor, el niño no tuvo inconveniente alguno en tomarlos como propios, desechando los que no tenían la cali­dad de tales. Lhamo Thondup fue identificado entonces como la reencar­nación del XIII Dalai Lama; solo faltaba la confirmación desde Lhasa para completar los pasos tendientes a su unción como máximo líder espiritual tibetano. El niño fue separado de sus padres y llevado al monasterio de Kumbum, donde ya se encontraban dos de sus hermanos, Thubten Norbu y Lobsang Samten, reconocidos también como tulkus (lamas encarnados). Empezó entonces un período que el XIV Dalai Lama recuerda como el más triste de su vida por tener que estar separado de sus padres, en especial de su madre con quien siempre tuvo un vínculo por demás estrecho. La primera noche en Kumbum fue de tal angustia que sus dos hermanos, de 17 y 4 años, al no poder consolarlo, se unieron a él en el llanto.

Su viaje a Lhasa debió esperar hasta julio de 1939. Es importante ha­cer notar que en ese tiempo Amdo estaba administrada por un gobernador chino musulmán, llamado Ma Pu Fang. En efecto, la región fronteriza con China no siempre respondió a las autoridades de Lhasa sino que, en muchos períodos, estuvo bajo el control de las autoridades chinas, espe­cíficamente manchúes, y luego de la desaparición del imperio, bajo las directivas dela China nacionalista de Chian Kai-shek. Ma pu Fang, que respondía a China, decidió impedir el traslado del pequeño Dalai Lama a Lhasa y solo lo permitió después de que le fuera pagado un tributo.

Es interesante anotar también que el primer idioma que habló el fu­turo líder tibetano fue un dialecto chino no muy puro, poco hablado en su aldea donde la mayoría de las familias eran tibetanas y solo dos chinas. Sin embargo, según le contó su madre tiempo después, cuando la primera expedición llegó a su casa, el entonces pequeño niño de dos años, habló con ellos el dialecto tibetano de Lhasa que, por cierto, su madre no com­prendía bien y que nunca le había sido enseñado.

La larga caravana que llevaba al pequeño Dalai Lama a su nuevo des­tino llegó a Lhasa en octubre de 1939 luego de atravesar la vasta meseta tibetana. Un par de kilómetros antes de llegar a la capital, en la planicie de Doeguthang, se había levantado una enorme carpa donde el niño fue proclamado oficialmente como el XIV Dalai Lama del Tíbet, al tiempo que innumerable cantidad de tibetanos hacían fila para demostrarle su devoción. Al llegar a Lhasa, el Regente Reting Rinpoche, dispuso que se alojara en el palacio de verano, el Norbulingka, mucho más acogedor con sus jardines y pequeños edificios bien iluminados, que el imponente Po­tala. Al Potala fue llevado en el invierno de 1940, donde fue entronizado como líder espiritual del Tíbet y ocupó el Trono del León.

Luego, en el templo de Jokhang fue iniciado como novicio con la ceremonia conocida como taphue, en la que le raparon la cabeza. Desde entonces usó, además de la cabeza rapada, los hábitos de monje y también cambió su nombre de nacimiento por Jamphel Ngawang Lobsang Yeshe Tenzin Gyatso. En la práctica solo sus dos últimos nombres, Tenzin Gyatso, son utilizados antes de su título, XIV Dalai Lama. En el Occidente es usualmente llama­do Dalai Lama, en tanto que su pueblo se refiere a él como Kundun, que significa: su presencia.

Reting Rinpoche pasó a ser, además del Jefe de Estado, el tutor prin­cipal del Dalai Lama; el segundo tutor fue Tathag Rinpoche y el tercero Ketsang Rinpoche, el mismo que lideró la comitiva que pernoctó en su casa en 1937.

Poco tiempo después, Reting Rinpoche se vio obligado a renunciar a su cargo, porque no pudo sostener el peso de las acusaciones sobre co­rrupción, prevaricato e irrespeto a los votos de celibato. Además, siempre preocupó su tendencia pro China. Su alejamiento del cargo de Regente también supuso que dejara de ser el tutor principal del Dalai Lama, cargo que pasó a ocupar Tathag Rinpoche. Además de los tutores, un grupo importante de asistentes rodeaban al pequeño líder espiritual tibetano: el Maestro del Ritual; el Maestro de Cocina; el Maestro de los Hábitos, entre otros. Con todos ellos el pequeño líder tuvo un contacto estrecho, pero con algunos estableció una relación especial, como por ejemplo, con el maestro de cocina, a quien él llamaba Ponpo, “jefe”. Para explicar ese lazo con Ponpo, el Dalai Lama ha expresado en sus memorias: “El acto de brin­dar comida es una de las raíces básicas de todas las relaciones”. También tuvo un contacto estrecho con los encargados de asear sus habitaciones, algunos de ellos ex integrantes del ejército, con quienes compartió juegos que quedaron marcados en su recuerdo; pero, sobre todo, a través de esos humildes asistentes, fue haciéndose una idea de las privaciones a las que estaba sometida buena parte de la población del Tíbet y entendiendo –a medida que fue creciendo– que sería necesario en el futuro, intentar cam­bios tendientes a lograr una mayor justicia social.

Junto con su hermano, Lobsang Samten, quien por un tiempo fue excusado de continuar su formación en el lejano monasterio de Kumbum, el Dalai Lama comenzó sus estudios primarios. A los seis años inició tam­bién su formación en la filosofía budista. Mucho se ha debatido sobre si la educación básicamente monástica del Dalai Lama lo privó de la formación política necesaria que un futuro jefe de Estado debe tener. Su estrecha o casi nula visión de lo que ocurría en el mundo exterior, pudo haber obrado en contra del manejo de estrategias políticas adecuadas, cuando el Tíbet se vio enfrentado a la hora más crucial de su historia. Uno de los que advirtió sobre este hecho, fue su propio hermano mayor, Gyalo Thondup, quien se había educado en China y tuvo una estrecha relación con Chian Kai Sek y su familia, adquiriendo así una visión mucho más amplia sobre la realidad internacional de la que el líder tibetano logró a través de su educación. De hecho, la información sobre los acontecimientos más importantes del siglo XX y en especial de la Segunda GuerraMundial, el Dalai Lama la adquirió a través de libros y revistas que llegaban a sus manos o a través del testimonio de los pocos occidentales que estaban en Lhasa en aquel tiempo, uno de los cuales fue Heinrich Harrer, el austriaco que escribió Siete años en el Tíbet.

Antes de que se produjera la invasión china, el joven Dalai Lama debió atravesar por otros duros acontecimientos. Uno fue el intento de Reting Rinpoche de recobrar el poder por la fuerza, lo que motivó una fuerte confrontación con Tathag Rinpoche, culminando con la detención, encarcelamiento y muerte del exregente y primer tutor principal del Dalai Lama. La muerte de Reting se produjo en el propio Potala y hay más de una versión de cómo ocurrió. Meses después, falleció el padre del Dalai Lama, quien tenía una notoria amistad con el exregente recientemente fa­llecido; con sus restos se siguió una práctica tradicional tibetana, llamada entierro al cielo, que supone desmembrar el cuerpo y ofrecer los restos a los animales.

En la sección dedicada a la historia del Tíbet después de 1950 se puede tomar conocimiento de lo que aconteció con el Dalai Lama desde que se verificara la invasión china a su país. Exilado desde 1959 enla India, no pudo retornar nunca más a su país, pero esa dolorosa y obligada lejanía, ha permitido que el mundo occidental lo conociera y lo adoptara como una de las figuras más emblemáticas del planeta. Ganador del Premio Nobel dela Pazen 1989, el que dedicó a su pueblo oprimido, se ha convertido en un embajador itinerante de la paz, de la compasión y del encuentro armonioso de todos los credos. Además del Nobel ha sido reconocido con más de cien premios, distinciones especiales, doctorados honoris causa, a lo largo y ancho del mundo. Ha realizado cientos de viajes y dado miles de charlas y enseñanzas, colmando auditorios y congregando ciudadanos comunes, profesionales de diferentes rubros y junto a él, interesados en la comunión entre ciencia y filosofía budista se pueden ver destacados neurocientíficos. Ha escrito alrededor de una centena de libros, todos ellos muy codiciados por el público.

 Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama del Tíbet, se denomina a sí mismo como un simple monje budista.-

 (Extractado y editado del libro Los Latinoamericanos y el Tíbet)

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