India necesita ser cautelosa con las dos caras de China

 

Mientras Beijing proyecta un apacible rostro afuera, no ha sido tan “normal” en casa

Por Claude Arpi

7 de febrero de 2017

En el resort de esquí de Davos, en Suiza, el presidente Xi Jinping de China sorprendentemente defendió la globalización y el libre comercio. En su discurso en el Foro Económico Mundial, Xi afirmó: “Los países deben ver por su propio interés en el sentido más amplio y abstenerse en perseguir sus propios intereses a expensas de otros. No debemos retirarnos al puerto cada vez que encontremos una tormenta porque nunca alcanzaremos la otra orilla.”

Obviamente estaba haciendo blanco en Donald Trump.

Dos caras

Un analista de Forbes escribió: “Esta es China sonando razonable, conciliatoria, paciente, lista para asumir la capa de liderazgo que tantos están tan ansiosos de poner sobre ella.” En India, muchos amantes del Reino Medio sienten así, pero eso no significa que China se haya convertido en un estado normal.

El Reino Medio todavía tiene muchos dobles estándares, no sólo en el campo de la globalización sino en el dominio religioso. China, hoy, tiene dos caras: mientras proyecta un rostro apacible afuera, no ha sido tan “normal” en casa, especialmente cuando se trata de asuntos religiosos y sus “minorías.”

Tomemos el reciente Kalachakra dirigido por el Dalai Lama en Bodh Gaya. Las autoridades comunistas rápidamente denunciaron el evento de Bodh Gaya como “ilegal” y los tibetanos del Tíbet que iban a asistir al mismo fueron amenazados con serios castigos.

Radio Free Asia (RFA) informó que “miles de peregrinos de zonas habitadas por tibetanos del oeste de China que tenían la esperanza de asistir han sido forzados a retornar a casa, mientras otros han sido impedidos de salir de China.” RFA se basó en una notificación oficial que circuló en la prefectura de Dechen en la provincia de Yunnan. “Cualquiera que participe en estos actos estará violando el artículo 55 (relativo a la seguridad nacional) de la Ley de Seguridad Pública y enfrentará severas consecuencias,” decía la notificación. Pero las mismas autoridades forzaron un Kalachakra para los tibetanos en julio de 2016. Gyaltsen Norbu, el joven elegido por Beijing como el 11er Panchen Lama del Partido, ofició en Shigatse, la segunda ciudad más grande del Tíbet.

El Partido ateo, aparentemente experto en asuntos religiosos, dijo que más de 100.000 seguidores budistas, 100 “altos” Lamas y 5000 monjes y monjas asistieron a la ceremonia. Se dijo que monjes y laicos habían llegado de provincias remotas como Sichuan, Gansu, Qinghai y Yunnan.

Pero la verdad es que muchos de esos “devotos” fueron coaccionados para asistir a los rituales. Mientras los tibetanos de China fueron obligados a asistir al Kalachakra de Shigatse, se les prohibió participar en el de India. ¿No es esto un doble estándar?

Pero Beijing tiene otros objetivos en mente:  prepara la “reencarnación” del próximo Dalai Lama. Una serie de viejas fotos mostrando cómo fue reconocido el Panchen Lama de Beijing, aparecieron recientemente en los medios de comunicación chinos. El fraude no se mencionó, una cápsula particular (en la que estaban los nombres de los candidatos) usada en la Urna de Oro era más larga que las otras. Esto permitió a los funcionarios del Partido seleccionar al candidato de su elección y descartar al niño elegido por el Dalai Lama.

Globalización

No se trata de globalizar la búsqueda del próximo Dalai Lama, Beijing está actualmente promoviendo a otro chico, “identificado” por el Partido como el Séptimo Reting Rinpoche. El joven de 20 años fue convertido en el miembro más joven del Comité Regional del Tíbet de la Conferencia Política Consultiva del Pueblo Chino. Esta movida debe ser vista como una preparación para la era post Dalai Lama, porque el Quinto Reting fue uno de los regentes del Tíbet durante la minoría de edad del Dalai Lama en la década de los cuarenta. Los medios de comunicación chinos ya dijeron que Reting era “elegible para ser el regente del Tíbet antes de que el (próximo) Dalai Lama tome las riendas del gobierno cuando llegue a la mayoría de edad.”

Mientras Xi habla mucho sobre “globalización” y su proyecto favorito, One Belt, One Road*, la mayoría de los pasos del Himalaya que por siglos fueron testigos de contactos comerciales y culturales entre India y Tíbet, permanecen herméticamente cerrados. En lugar de abrir las fronteras, Beijing ha reforzado recientemente sus fronteras con India. Badro, subdirector de la policía de frontera de Tíbet, explicó: “Al Tíbet abrirse más por su rápido desarrollo económico, las áreas de frontera han sido testigos de disputas y diversas actividades criminales, incluyendo aquellas que involucran separatismo, migración ilegal y terrorismo.”

Regulación

Una nueva regulación que incluye una nueva “Tarjeta de Identidad de Residente Fronterizo” obligatoria, ha sido introducida (el real propósito fue probablemente impedir a los tibetanos asistir al Kalachakra “ilegal”). Irónicamente, sólo la frontera entre China y Pakistán está abierta hoy; esto podría ser llamado “globalización” con características chinas.

Después de Davos, muchos “expertos” indios sueñan con el nuevo amanecer de las relaciones de India con Beijing; ellos están aconsejando al gobierno contra el uso de la “carta del Tíbet.” Pero lo quiera Delhi o no, el Tíbet continúa siendo un tema “emocional” central, si no una “carta”, en India. El Dalai Lama tiene todavía una influencia tremenda en las multitudes tibetanas e indias.

En una carta a Nitish Kumar, el jefe del estado de Bihar, quien asistió a la ceremonia de clausura del Kalachakra, el líder tibetano expresó su gratitud: “el apoyo organizativo incluyendo los grandes y completos arreglos de seguridad contribuyeron al eficiente y apacible funcionamiento de este gran evento. Los funcionarios de sus varios departamentos han dedicado mucho tiempo y esfuerzo en asegurar el éxito de este Empoderamiento de Kalachakra.”

Esto no necesita ser llamado la “carta” tibetana, pero ignorarla y aceptar los dobles estándares de China sería definitivamente un error. Seamos francos: mientras Beijing tenga dobles estándares, China no será un “Estado normal.”

* One Belt, one Road (OBOR, por sus siglas en inglés) es una combinación de las dos rutas de la seda, una económica y terrestre y otra marítima y adaptada al siglo XXI. Se trata de una ofensiva diplomática  con la que China intenta demostrar que sus nuevas instituciones de índole  multilateral así como sus proyectos de cooperación internacional hacen de ella un nuevo tipo de potencia, más preparada para entenderse con las dinámicas de un mundo post-occidental. (http://www.ecfr.eu/madrid/publi/el_gran_salto_de_china_al_exterior_la_iniciativa_one_belt_one_road)

 

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