LA OPRESION DE UN PUEBLO ATENTA CONTRA LA LIBERTAD DE TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO

Breve historia detrás de esa frase

Hace varios años, después de que el Tíbet fuera sacudido por el levantamiento de marzo de 2008, que dejó como secuela cárcel, persecución y muerte tras el grito de libertad proferido por miles de tibetanos, sentí deseos de contactar a una escritora tibetana, la más reconocida entre sus compatriotas así como por los extranjeros, no sólo por la excelencia de su literatura sino por ser una voz que se ha elevado contra la infame política china en su país.

En aquel entonces, como en muchos otros de su vida, Woeser, a ella me estoy refiriendo, estaba en prisión domiciliaria en Beijing, donde reside junto a su esposo Wang Lixiong. Le pedí a un amigo tibetano que me facilitara la forma de entrar en contacto con ella, pero la respuesta de mi amigo fue, “tal vez no sea lo mejor, tal vez  ella pueda correr algún riesgo si se pone en contacto contigo.”

Entonces me di cuenta que yo no era libre. Yo podía apurar decenas de palabras en mi teclado, expresándole lo que la situación del Tíbet y la suya en particular me merecía, pero lo que escribiera en goce de mi libertad, no debía llegar a ella, que no gozaba plenamente de la suya. Woeser no era libre. Yo, tampoco.

Ella, en Tíbet o en China, yo en Montevideo, las dos amantes de las letras y de la libertad. Su mordaza era mi mordaza.

La opresión de un ser humano atenta contra la libertad de otro. La opresión de un pueblo atenta contra la libertad de todos los pueblos del mundo.

Así se concibió la frase que es nuestro pacífico grito de lucha, nuestra convicción profunda, nuestro dolor y también nuestra esperanza.-

Aloma Sellanes

Enero 2018

 

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