LAMA RINCHEN GYALTSEN: UN SOSTENEDOR LATINOAMERICANO DEL DHARMA

 

 

Hace algunos meses, el Lama Rinchen, monje budista de la tradición Sakya, estuvo de visita en Montevideo para dar una serie de charlas y enseñanzas. En esa oportunidad, merced a los oficios de algunos amigos comunes, mantuvimos un diálogo, del que compartimos ahora con Uds algunos pasajes.

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Tíbet Patria Libre: Uruguayo, de padres españoles, uno tiende a pensar que su educación religiosa debe haberse dado dentro de la religión católica, ¿cómo se apaga esa luz del catolicismo y se enciende la del budismo tibetano?

Lama Rinchen: Creo que se tiene que apagar un poquito, sí, todas las personas que veo que se interesan en el Dharma, principalmente en la presentación que tiene el budismo tibetano, tienen que pasar por una etapa nula, que yo llamo de anarquismo espiritual. Tienen que reaccionar de alguna manera en contra de la ortodoxia, después pasar por una etapa de conciencia individual y digamos que luego recién se interesan por las técnicas de meditación y de desarrollo personal que tiene el Dharma. Así fue, naturalmente, por afinidad con la filosofía y las prácticas espirituales que tiene el budismo, que me fui acercando poco a poco.

Esto fue estando en Estados Unidos, donde me reunía con un grupo de meditadores latinos en Nueva Jersey, y uno de ellos me invitó a ir a una conferencia, a un taller de fin de semana que daba un Lama tibetano, que reside en Manhattan y allí recibí la enseñanza del Sutra del corazón, la esencia de la presentación más profunda de la sabiduría, y me impactó, vi que era por un lado muy profundo y por otro muy pragmático, que estaban muy interesados en acercar y lograr resultados, y ahí poco a poco, con mucho cuidado, fui formándome, informándome, leyendo, comparando diferentes tradiciones del budismo tibetano. Este Lama que me impartió la primera enseñanza coincidió pertenecer a la tradición Sakya, una de las cuatro principales escuelas. Observé que todas son más o menos iguales, algunas ponen más énfasis en la parte ritual, devocional, otras son más filosóficas, analíticas, pero depende mucho del maestro y el vínculo que se desarrolla, esa conexión personal. Así me fui inclinando por la tradición Sakya, pero, naturalmente, aprecio todas las tradiciones.

Hice algunos cursos de formación en Nueva York, sin embargo para profundizar había que ir a la fuente, entonces fui a la India y a Nepal, donde viví diez años, principalmente en Katmandú, en la Academia Internacional de budismo. También viajé una vez al Tíbet…

 

TPL: ¿Cómo fue su viaje al Tíbet?

LR: Fue un peregrinaje, pero no pude viajar con los hábitos porque en esos momentos no estaban permitidos ni monjes ni periodistas, aunque depende de la época, hay unas que son más libres que otras, esa es la causa por la cual casi todos los maestros viven en exilio bien en la India o en Nepal. Viaje en el 2005, y llegamos desde Nepal por tierra hacia el oeste, hacia el Monte Kailash, monte sagrado. De regreso pasé por Sakya y Lhasa, no visitamos el oeste. Solo estuvimos en el centro y en el este. Hay poco Dharma, el Dharma existe más en Kham; en el oeste el gobierno chino es muy estricto, sólo permite algunas decenas de monjes en los monasterios que están en la ruta turística. Algunas personas cuando se enteraban que era monje y que además viajaba con un monje tibetano, nos hacían postraciones y ofrendas aunque íbamos de paisano. Hay una gran sed por el Dharma, pero todo es transitorio y cada generación va cambiando. Observé que hay un esfuerzo por reeducar a la población tibetana, especialmente en algunos lugares donde no tienen acceso a la educación en su propio idioma, siendo el idioma un factor muy importante para mantener su cultura, y se está perdiendo… tengo algunos amigos que mantienen escuelas en Kham para tratar de preservar la cultura y el idioma tibetanos.

TPL: Estamos viviendo una época de gran violencia, no sólo a nivel de las naciones, sino a nivel de la sociedad, a nivel individual, ¿en materia de violencia, estamos en un punto que no tiene vuelta atrás?

LR: Pareciera que sí pero yo argumentaría lo opuesto, porque he escuchado por lo menos en dos ocasiones a Su Santidad el Dalai Lama relatar un encuentro que tuvo con la Reina Madre de Inglaterra, es decir la madre de la actual Reina, él sentía mucha curiosidad porque ella había nacido en el siglo XIX y estando muy viejita le preguntó “usted que ha vivido y ha visto tantas cosas, piensa que ahora estamos mejor o peor, piensa que la situación ha mejorado o se ha deteriorado” y ella sin dudarlo dijo “estamos mucho mejor, a nivel social, hay más justicia, más igualdad.” Lo que pasa es que hoy en día hemos elevado el listón de nuestros ideales más alto, exigimos más del mundo, más de los políticos, entonces a partir de ahí, vemos que hay más injusticias, más conflictos…, y eso es bueno, eso demuestra que los valores y las expectativas de lo que es bueno se han elevado, a nivel social, pero sí es cierto que la raza humana se encuentra en un momento crítico, donde en los próximos cien años se va a definir el futuro de la especie y de todo el planeta. Tenemos que dar un salto evolutivo en la apertura de conciencias para poder coexistir de una manera sostenible, porque de pronto, en 20 o 30 años, personas con valores muy primitivos van a tener acceso a la tecnología más poderosa, y eso crea un gran peligro.

TPL: ¿Cómo se posiciona el budismo dentro de ese marco?

LR: El budismo tiene un marco muy grande, esto lo ve como un micro ciclo. Todo parte del tiempo y espacio que abarca nuestra conciencia, dependiendo de cuanto tiempo y cuantas personas consideramos, ahí se determinan los valores y las prioridades de esas personas. Por ejemplo, si una corporación está interesada en obtener resultados concretos en un trimestre, de pronto no le importa talar medio Amazonas porque no se está preocupando por el futuro, lo que cuenta es el ahora. Si tenemos una visión que incluye mucho tiempo y muchas especies de seres, invertimos en las causas de la felicidad y no nos enredamos en los síntomas del malestar. Por ejemplo, cuando salieron la mayoría de los maestros del Tíbet, en el 59, se dispersaron por la India, la que a su vez había logrado hacía poco la independencia de Inglaterra, había pocos recursos, los tibetanos vivían en campamentos, trabajaban haciendo caminos, pero en el 62 hubo un congreso, se reunieron casi todos los maestros, todas las cabezas de las escuelas en Bodh Gaya, muchos no se habían visto en su vida, porque en el Tíbet estaban muy aislados, y en ese congreso se planteó ¿y ahora qué?, estamos aquí en la India, abandonados como refugiados políticos, tenemos 100 mil personas que mueren de todo tipo de enfermedades, tenemos una situación muy precaria, el gobierno de India también quiere ayudarnos pero con mínimos recursos, y ¿qué decidieron? Decidieron hacer una universidad, una universidad que enseñara temas espirituales, porque ello atiende, según la perspectiva budista, el origen de todo mal que es la ignorancia, de ahí se desarrolla el egocentrismo, de ahí las aflicciones mentales, de ahí las acciones torpes, el karma negativo y de ahí viene el sufrimiento. Así vemos que, dependiendo de cuantas generaciones y cuantos seres incluya nuestra conciencia, vamos a invertir nuestros recursos en logros inmediatos de poca transcendencia o en logros a largo plazo que tocan a muchos seres profundamente. Casi toda la actividad humana está en la superficie atendiendo los síntomas, y algunas personas inteligentes tratan de hacer vacunas, prevenir las enfermedades… desde la perspectiva budista tenemos que pensar que cuanto más amplia sea nuestra visión, más acertada va a ser nuestra inversión de energía, tiempo y dinero, así los frutos serán mejores, y la ayuda más eficaz. Hay que tener paciencia, invertir en el origen de los problemas y sanar esas contradicciones fundamentales.

TPL: El apego, uno de los venenos de la mente, es una emoción que el budismo trata de una manera particular y muy interesante…

LR: La palabra apego en psicología, en los países hispanoparlantes, se usa como afecto y es algo positivo; en el budismo se refiere a toda una gama de distorsión de relaciones, puedes usar la palabra adicción, aferramiento, un deseo tóxico y se puede referir a una dependencia química, puede ser una idea de posesión, que una persona o un objeto te pertenece. El aferramiento o el apego también puede ser un concepto, un dogma personal, alguna ideología muy arraigada en nosotros que distorsiona la percepción del mundo o quienes somos. Vemos que hay toda una gama, y el camino espiritual puede definirse como un proceso de desapego desde los niveles más burdos a los más sutiles, el último apego a superar es el apego a la verdad, aunque encontremos el bien, si lo conceptualizamos se convierte en una distorsión, un reflejo de esa verdad, observamos que el apego conlleva mucho y la herramienta más poderosa para neutralizarlo es el amor y la compasión, ambos nos ayudan a reducir el egocentrismo que es lo que nos hace tan reactivos, lo que nos hace proactivos a producir esos deseos y aversiones a personas y objetos, y de ahí se producen todas las otras emociones. Curiosamente en el majayana, que es la filosofía principal que ha adoptado el budismo tibetano para lograr un estado meditativo, el mejor recurso es la práctica del amor y la compasión, porque como dije, neutraliza el origen del apego, que es el egocentrismo.

TPL: ¿Qué es Paramita?

LR: Paramita surgió de una manera orgánica, es decir, una vez que Su Santidad Sakya Trizin me destinó al monasterio en Alicante, algunos amigos de otras partes del mundo, interesados en el Dharma y la meditación estaban un poco tristes porque ya no podía visitarles, entonces, sabiendo de su interés, necesidad y peticiones de recibir enseñanzas, empezamos a aprovechar los cursos que estaba impartiendo en España para compartirlos vía web a las personas en diferentes lugares del mundo. Es algo que surgió por necesidad más que nada. Hoy en día hay poco Dharma en español y las pocas enseñanzas que existen suelen ser traducidas del inglés. Paramita es la rama educativa que tiene la Fundación Sakya en España para compartir cursos. Ojalá que cada vez podamos rendir mejor servicio y para ello estamos invirtiendo en producir más contenidos y mejorar la plataforma y demás.

TPL: ¿Qué se pierde en la enseñanza online?

LR: Es verdad, porque el budismo no es una tradición de letra muerta, uno no puede abrir una escritura y captar la profundidad del Dharma, se trasmite directamente, de corazón a corazón, a través de todos los siglos, empezando con Sakyamuni. Es cierto, es muy importante tener esa relación personal con un maestro o una maestra, y claro cuando uno atraviesa una pantalla, eso se pierde un poco. Aunque estés en la presencia de Su Santidad el Dalai Lama, en eventos grandes suelen poner pantallas y altavoces para poder recibir sus bendiciones. Nunca vamos a estar en el corazón o en la misma mente del maestro, por lo tanto, lo importante es el mensaje que nos transmite a nosotros. Algo que me impresionó mucho del budismo, es que toma una posición muy valiente porque dice: “nosotros no tenemos la verdad” porque nadie la puede tener, o sea la verdad es inefable, si se la conceptualiza se distorsiona, lo que el budismo ofrece es un camino hacia la verdad, las enseñanzas de los maestros son una clave, son simplemente una pista para que, cada uno encuentre esa verdad dentro de sí, cuanto más cercana sea esa pista, mejor, cuanto mejor esté dosificada a nuestro temperamento, bagaje cultural, y capacidad intelectual, más acertada, más fácil va a ser el proceso de investigación que tiene que hacer uno.

TPL: ¿Cuáles son sus objetivos, lo que le gustaría lograr con la gente de Latinoamérica?

LR: A mí me impresionó mucho lo que me dijo uno de mis maestros, que es la hermana de Su Santidad Sakya Trizin, Su Eminencia Sakya Jetsun Chimey, ella me dijo “lo que yo quiero hacer, simplemente, es proteger el Dharma para futuras generaciones,” eso es lo que me gustaría para mis amigos que están interesados en el budismo, que no se vean como consumidores del Dharma, que no se aprovechen sólo a nivel terapéutico, que crezcan en el camino espiritual y que se conviertan en “sostenedores” del Dharma, que es una palabra rara en español pero que se usa mucho en el budismo, nosotros tenemos que vernos como protectores del Dharma, para preservar este gran tesoro para toda una futura humanidad que aún desconocemos. Sería muy triste que este tesoro que ha sido protegido en el Tíbet, mejor que en ningún otro lugar, por razones geográficas y demás, se perdiera. Entonces yo me veo como un puente, recién estamos comenzando este proceso, la transmisión de la India al Tíbet tomó siglos, ahora por medio de la informática todo es mucho más rápido, no se trata de publicar libros, hay que integrar y desarrollar practicantes genuinos que son adeptos, y estudiosos genuinos que son eruditos, que puedan sostener la filosofía y la práctica del Dharma para futuras generaciones. Nosotros estamos recién dando los primeros pasos y yendo en esa dirección de una manera más o menos orgánica.-

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Más información sobre Paramita y Centro Internacional de Estudios Budistas en https://www.paramita.org/


Foto: Lama Rinchen (Instituto Paramita)

 

 

 

 

3 thoughts on “LAMA RINCHEN GYALTSEN: UN SOSTENEDOR LATINOAMERICANO DEL DHARMA

  1. Yo estoy en Venezuela…inscrita en 2 cursos on line e inicialmente algo dudosa si iba a seguir en este camino a pesar de que mi búsqueda ha sido desde muy joven. Hoy aprendo a meterme en facebook el cual sólo existía para mi hija… pero hoy con ustedes les digo: los encontré, aprenderé, lo enseÑaré.. lloro cuando me miro adentro no se si por gozo o miedo…En este momento estoy en la fase de hipersensibilidad y lo entiendo… SIEMPRE EN USTEDES CON PAZ Y AMOR

  2. Muy claras las palabras y explicaciones para los seguidores del Dharma y para aquellos que deseen acercarse a las enseñanzas! Gracias y Bendiciones

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