Líder Chino Insta A Una Nueva Ofensiva Contra Los “Elementos Separatistas” del Tíbet

 

The Guardian

Editado

27 de agosto de 2018

Wang Yang insta a un estricto control sobre el budismo mientras que el Partido Comunista dicta nuevas reglas para acabar con la religión

Un alto líder chino ha pedido “avanzar en los esfuerzos contra el separatismo” en el Tíbet, en una señal de las tácticas continuas de alta presión en la región del Himalaya.

Wang Yang, el funcionario número 4 en jerarquía dentro del Partido Comunista, fue citado el lunes en los medios estatales haciendo hincapié en la importancia del control estricto sobre las instituciones budistas del Tíbet, instando a “la vigilancia y las prevenciones ante el peligro en tiempos de seguridad.”

Las figuras religiosas deben “ser valientes para luchar contra todos los elementos separatistas” en nombre de la preservación de la unidad nacional y la estabilidad social, dijo Wang en la capital regional de Tíbet, Lhasa, durante una visita el domingo.

Las fuerzas de Beijing ocuparon el Tíbet poco después de la revolución comunista de 1949 y la seguridad se ha incrementado significativamente, desde que las protestas antigubernamentales se extendieron por las áreas tibetanas en 2008.

Las tácticas en el Tíbet apuntan principalmente a reducir la influencia del Dalai Lama.  China afirma que el Tíbet ha sido parte de su territorio por más de siete siglos y lo considera un peligroso separatista.

La declaración de Wang se produjo cuando el Partido Comunista gobernante de China publicó nuevas reglas disciplinarias internas, que incluyen regulaciones sobre las creencias religiosas de los miembros. La Constitución de China garantiza la libertad de religión, pero el Partido Comunista es oficialmente ateo.

“Los miembros del Partido que tienen creencias religiosas deben someterse a la educación del pensamiento. Si todavía no cambian sus creencias después de la educación, se les debe alentar a abandonar el partido,”  se lee en las reglas publicadas el domingo. Los miembros del Partido que “incitan actividades” en nombre de la religión también deben ser expulsados.

En los últimos meses, China ha enfrentado crecientes críticas de quienes  denuncian la represión total de la religión y la cultura local en lugares como el Tíbet y Xinjiang, un territorio del noroeste que alberga a unos 12 millones de musulmanes.

Un experto independiente de un comité de la ONU sobre la discriminación dijo a principios de este mes que había recibido “informes fidedignos” de que hasta 1 millón de uigures étnicos, una minoría musulmana de Xinjiang, se mantenían en campos de internación extrajudiciales.

De acuerdo con un informe de Voice of America, en la provincia central de China de Henan,  se les pide a los residentes firmar para renunciar a su religión. Un grupo de 58 iglesias clandestinas, no autorizadas por el gobierno, publicó una carta abierta en julio en la que pedía a las autoridades que dejaran de reprimir la libertad religiosa.

Las reglas disciplinarias del Partido, anunciadas el domingo por la noche, también llegan en un momento en que Xi enfrenta, según los informes, disidencias internas y críticas por la guerra comercial con Estados Unidos, entre otros asuntos. La semana pasada, Xi pidió total lealtad al ejército chino e instaló un nuevo zar de la propaganda, alegando que la propaganda y el trabajo ideológico de su gobierno han sido “completamente correctos”.

Las normas, la mayoría de las cuales ya habían sido practicadas, se enfocan en cualquier forma de disidencia. Los miembros del Partido no pueden hablar en contra de las políticas o decisiones del Partido central, y no pueden difundir “rumores políticos o dañar la unidad del Partido. Las personas que no son leales al partido deben ser despedidas”, agregó el anuncio.-

Foto: Wang Yang/EPA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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